Adi Sankaracharya: El Jagadguru del Advaita.


Los paramparasi (linajes) guru-discípulo en la India son como malasii ensartados con piedras preciosas: cada joya es preciosa y de valor incalculable. Sin embargo, algunas brillan con un esplendor que llama la atención. Sri Adi Sankaracharya fue uno de esos diamantes. Sus logros fueron numerosos, pero se ha destacado porque sus brillantes comentarios al prasthana-trayam -upanishads, el Bhagavad-Gita y los Brahma Sutras- dieron su forma definitiva al Advaita Vedanta Darsanamiii para siempre, estableciéndolo como el mensaje último de los Vedas. Durante su corta vida de 32 años viajó a lo largo y ancho de la India a pie, participando en debates con los principales representantes de las demás escuelas de pensamiento del país. Sus distintos oponentes -como el Purva Mimamsakas, que defendió que la enseñanza primordial de los Vedas era la realización de rituales para conseguir el cielo y el esplendor místico- fueron derrotados, ya que Sankara ponía de manifiesto los fallos de sus filosofías con su autoridad y lógica demoledoras sobre las escrituras. De acuerdo a la tradición, una vez derrotados por Sankara se convertían en discípulos suyos.

Como afirma la propia Amma, el Advaita es la verdad última -el darsanam inherente a los Vedas. Por consiguiente, debería recordarse siempre que Sankara no es el padre del  Advaita Vedanta Darsanam. El conocimiento sobre el Advaita le llegó a Sankara de un ilustre parampara,  al cual no sólo pertenecen el gurú directo de Sankara, Sri Govinda Bhagavadpada, y el gurú precedente, Sri Gaudapada, sino también Veda Vyasaiv. Su origen se remonta al Todopoderoso. Tampoco fue Sankara el primero en hacer comentarios adváiticos sobre el prasthana-trayam. Esto es algo que el propio Sankara nunca dejó de reconocer.

Debido al mandato de Govinda Bhagavadpada, que enseño a Sankara a hacer comentarios y a darlos a conocer por toda la India, éste se convirtió en el Jagadguru (maestro mundial) del Advaita ya que, aunque nunca salió de la India, sus comentarios sobre el prasthana-trayam han sido traducidos a decenas de  idiomas y son estudiados hoy día en todo el mundo. El reconocimiento del Advaita Vedanta como la verdad última proclamada por los Vedas ha llegado a ser tan ampliamente aceptado que la palabra Vedanta se ha convertido en un sinónimo de Advaita. De año en año, la filosofía del Advaita Vedanta consigue cada vez mayor aceptación en todo el mundo. Quizás algún día llegue a ser, como predijo el Swami Vivekananda, una visión universalmente compartida.

Aunque los comentarios adváiticos de Sankara sobre el prasthana-trayam fueron su obra magna y su mayor contribución a la humanidad, nunca se debería afirmar que Sankara rechazó prácticas espirituales dváiticas como el karma yoga, el servicio desinteresado, la meditación sobre Dios con forma, el mantra japa, los bhajans, respetar el dharma, cultivar los valores, etc. No sólo reconoció la necesidad de tales prácticas para purificar la mente, sino que también hizo destacadas contribuciones a ellas, como métodos para dirigir la puja, la división del panteón hindú en seis categorías principales y su culto y la composición de himnos en sánscrito como Saundarya Lahari, Sivananda Lahari y el Mahishasura-Mardini Stotram. El único deseo de Sankara era guiar a la humanidad hacia la realización final: la realidad suprema del universo, Dios y todos los seres como una y la misma cosa, la conciencia eterna gozosa. Sin embargo, Sankara entendió que para llegar a esta comprensión transformadora, los pasos preparatorios anteriormente mencionados eran necesarios para purificar y afinar la mente. Por tanto, el advaitín acepta métodos dváiticos siempre pensando en asimilar el principio adváitico.  Como dijo Swami Candrasekharendra Sarasvati, el 68º Sankaracarya de Kanchi: “Adi Sankaracharya ha diseñado los pasos convenientes para elevarnos. Pero aunque sigamos esos pasos siempre debemos tener en mente que todo lo que vemos es todo uno. La experiencia real de que “todo es uno” puede llegar en su momento. Pero desde el principio debemos desarrollar el pensamiento de que esta es la verdad”.

La mayoría de los estudiosos están de acuerdo en que Sankara vivió entre el 788 y 820 de nuestra era, aunque algunos afirman que nació el 77 antes de JC. Independientemente de la fecha, todos coinciden en que nació en Kaladi, que hoy es el distrito de Ernakulam en Kerala. Fue iniciado en el estudio de los Vedas a los cinco años y a los ocho ya dominaba los cuatro Vedas. En ese momento tomó sannyasa y se encaminó hacia el norte en busca de un gurú. A orillas del río Narmada (en la actual Madhya Pradesh), conoció al sannyasi que se convertiría en su gurú, Govinda Bhagacadpada. Según la leyenda, cuando  Govinda Bhagavadpada le preguntó a Sankara por su identidad, el niño le contestó con una composición espontánea de diez versos en sánscrito (conocidos hoy como Dasa Sloki) en los cuales puso de manifiesto la profundidad de su sabiduría y su experiencia interior. Fue aceptado inmediatamente como discípulo.

A la vida de Sankara se asocian numerosas y fantásticas leyendas. Si se corresponden con los hechos o no es secundario ya que, aunque no sean verdaderas, son la Verdad. Los principios y la realidad indiscutible que demuestran tienen la capacidad de elevarnos. Más relevantes son los logros reales de Sankara. Decir que fueron muchos sería quedarse corto. Aparte de sus comentarios e himnos, también escribió muchos prakarana granthasv, como Vivekacudamani, Atma Bodha y Upadesa Sàhasri. Su dominio del sánscrito no tuvo igual. Desentrañar los giros de sus slokas poéticos es sencillamente emocionante. Sus versos no sólo son majestuosos y llenos de matices, sino también de una profundidad inconmensurable. Era como si el lenguaje fuera verdaderamente el aire que respiraba. Hay que tener en cuenta además que se dice que Sankara dejó de escribir a los 16 años.

Además de sus composiciones, la división sanmatavi y el sistema panchayatanavii de culto hechos por él, ayudaron a unificar un hinduísmo que estaba en peligro de fracturarse en varias confesiones, demostrando que los distintos dioses y diosas no son sino diferentes personificaciones de la única realidad última. Sankara fue, en muchos sentidos, el primero en organizar la vida monástica en la India. Revalorizó la tradición de sannyasa revitalizando la estructura dasanami, según la cual los monjes se organizaban en diez títulosviii. Y para proteger y propagar el Sanatana Dharma fundó ashrams por toda la India, entre los cuales se encuentran cuatro principales: uno en Sringeri, Karnataka (sur de la India); uno en Dvaraka, Gujarat (India occidental); uno en Puri, Orissa (India oriental); y uno en Jyotirmath, Uttarakhand (norte de la India), encargando a cada uno de ellos preservar un Veda en particular. Hacia el final de su vida, Sankara ascendió a los sarvajna-pithamsix de Sri Nigar (Cachemira) y de Kanchipuram (Tamil Nadu).

La reflexión sobre la vida de Sri Sankara, que fue el arquetipo del sannyasa, debería acabar con cualquier idea desacertada de que la renuncia a la acción es el punto central de la vida  monástica hindú. Como Sankara demostró tanto con hechos como con palabras, lo que hay que erradicar no es la acción, sino el error de que uno es el autor de sus actos.  Cidananda rupah sivoham sivoham: “Yo soy conciencia-dicha. Yo soy Shiva. Yo soy Shiva”. Sankara no sólo escribió esta composición, sino que la vivió y al habiéndolo hecho, abandonó su cuerpo a la temprana edad de 32 años, asegurándose de que la verdad del Advaita Vedanta no sólo prosperaría en la India, sino en todo el mundo.

-Vedarat



 

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