Agosto es el mes en el que acuden a Amritapuri muchos jóvenes de todo el mundo para pasar sus vacaciones con Amma. Es el tiempo de los jóvenes para reflexionar más profundamente sobre la vida, contribuir a la obra caritativa de Amma y socializar con otros jóvenes afines. Este año, AYUDH decidió hacer un esfuerzo y seguir el consejo de Amma de trabajar en la conservación de la naturaleza. Plantar un huerto ha sido la primera iniciativa.
Dos veces en semana unos treinta jóvenes han acudido al jardín “Vrindavan” cerca de la escuela de Ayurveda para preparar el terreno, mezclar compost con la tierra, plantar árboles medicinales y aprender acerca de la jardinería orgánica.
Paralelamente a la jardinería en Amritapuri, AYUDH ha empezado a cultivar hortalizas en los centros de Amma en California, Michigan, Alemania y Francia. Incluso jóvenes urbanos han hecho un esfuerzo para plantar legumbres
y verduras en cada espacio disponible. Por ejemplo el grupo AYUDH de Austria ha transformado un balcón de uno de sus miembros en un campo de jardineras con tomates, calabacines y pimientos creciendo por doquier.
“GrowIn’ – Una semilla cada vez” es el nombre del proyecto que los jóvenes han dado a su esfuerzo común de cultivar plantas orgánicas saludables, como un modo de reducir la contaminación y hacerse más
independientes del mercado alimentario internacional. Otro objetivo del proyecto es reconectar con la naturaleza como principio dador de vida. Aunque todos los jóvenes han consumido incontables tomates durante sus vidas, muy pocos han tenido la experiencia del tiempo y el esfuerzo que requiere cultivar una planta de tomate. Estamos acostumbrados a obtener nuestra comida en el supermercado, no de la tierra. ‘GrowIn’ quiere reintroducir en la generación joven el
placer de cultivar.
Finalmente, los jóvenes esperan cosechar en unas cuantas semanas los tomates, maíz, pepinos, judías verdes, espinacas y muchas otras delicias orgánicas en el huerto “Vrindavan” y ofrecer los frutos de su esfuerzo a Amma.
“Muchas de las plantas mueren después de dejar las nuevas semillas. Sacrifican su propia vida para poder dar vida a muchas otras
plantas, manteniendo así el círculo de la vida” –explicó Lola, una residente del ashram que lleva dos años trabajando en el huerto “Vrindavan”, donde ha cultivado más de siete mil plantas de tulasi y muchos árboles frutales.
Cuando regresen a sus países llevarán consigo no solo la memoria de haber pasado unos días inolvidables con Amma sino también un nuevo conocimiento de cómo vivir una vida más sostenible, medioambiental y amiga.