Comprensión y colaboración entre religiones

Sri Mata Amritanandamayi Devi


Mata Amritanandamayi Mission Trust

Amritapuri P.O., Kollam Dist., Kerala, INDIA 690525

Email: inform@amritapuri.org, Website: www.amritapuri.org



Comprensión y colaboración entre religiones

Discurso de Sri Mata Amritanandamayi Devi

Presentada por Swami Amritaswarupananda Puri

COMPRENSIÓN Y COLABORACIÓN ENTRE RELIGIONES (Español)

Sri Mata Amritanandamayi Devi

Traducido del inglés por Patricio Hernández Pérez

Publicado por el

Mata Amritanandamayi Mission Trust

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Primera edición en español: julio de 2006, 500 ejemplares.

Edición de Fundación Filokalia – Amigos de Amma

c/ Emiliana Zubeldía, 3, 2º, A. 31014 Pamplona – España

ISBN: 84-95613-21-2

Tipografía y diseño:

Amrita DTP, Amritapuri

Impreso en

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Introducción

El día 2 de mayo de 2006, Amma impartió el discurso “Comprensión y colaboración entre

religiones” en el Museo de Arte Rubin de Nueva York, durante la ceremonia de entrega de los IV

Premios Anuales Int er-credos James Parks Morton, que organiza el Interfaith Center de Nueva

York.

Este Centro, conocido por sus siglas ICNY, concedió su galardón del año 2006 a Amma por su

importante impulso de “la comprensión y el respeto interreligioso”, que es la directriz fundamental

del ICNY. En el acto de presentación del premio, el fundador del Museo Rubin, Donald Rubin,

manifestó: “La vida de Amma se ha consagrado a acoger a los demás. Al aceptar a todos los seres

humanos por medio de su abrazo físico, ella trasciende todas las religiones y divisiones políticas. La

aceptación y el amor que genera su abrazo es el remedio curativo que todos necesitamos. Es la cura

que nuestras madres nos dieron cuando éramos niños. Y esa cura es la que Amma está dando al

mundo”.

Los miembros del ICNY se sentían muy impresionados por la ingente tarea de socorro llevada a

cabo por el Ashram de Amma tras el tsunami asiático de 2004, y deseaban conocer las opiniones de

Amma sobre la comprensión y colaboración interreligiosa a raíz de esa experiencia de ayuda

humanitaria.

En su discurso Amma dijo: “Cuando se producen los desastres naturales, se abren los corazones

y se trascienden los conceptos de casta, religión y partidismo político. Sin embargo, la compasión y

la actitud de no juzgar, que muestran muchas personas durante esas situaciones, aparecen y

desaparecen tan rápidamente como el destello de una luz. Si, en cambio, tratamos de mantener

ardiendo esa llama de compasión en nuestro interior, esta puede disipar la oscuridad que nos rodea”.

Aunque Amma se expresó en malayalam, su lengua nativa, todos pudieron seguir su discurso

gracias a la traducción simultánea en inglés. Las palabras de Amma no eran elucubraciones propias

de un erudito, estaban empapadas de su luz y experiencia personal, y, como tales, tenían un gran

peso, causando un evidente impacto en toda la audiencia.

Aun aceptando la necesidad de la religión, Amma recalcó lo importante que era para todos los

que practican la religión el penetrar en aquello que se encuentra en la esencia de todos los credos.

Amma dijo: “Igual que se extrae el jugo de la caña de azúcar y se desecha la fibra, los guías

religiosos deberían animar a sus seguidores a absorber la esencia de la religión —que es la

espiritualidad— y no dar excesiva importanc ia a los aspectos externos. Por desgracia, hoy en día,

hay muchas personas que están comiéndose la fibra de la caña de azúcar y escupiendo la esencia”.

Amma también lamentó el hecho de que mientras los santos y sabios dan importancia a los

valores espirituales, sus seguidores se quedan a menudo en los aspectos formales o institucionales.

Amma dijo: “Como resultado, las propias religiones que debían expandir paz y calma, enlazando a

las personas en la guirnalda del amor, se han convertido en causa de guerras y conflictos. A causa

de nuestra ignorancia y limitada perspectiva, estamos confinando a las grandes almas en los

pequeños compartimentos de la religión. En su nombre, nos hemos encerrado nosotros mismos en la

prisión del ego, y hemos procedido a inflamar nuestros egos y a luchar entre nosotros. Si continúa

esta situación, la comprensión y colaboración será un puro milagro”.

En su conclusión, Amma dijo que la palabra que engloba la solución para casi todos los

problemas que el mundo afronta actualmente era “la compasión” y recalcó la importancia de que los

miembros de todos los credos sirvan a los pobres y a los que sufren. En este sentido Amma dijo:

“Ayudar a los pobres y necesitados es la verdadera oración. Sin compasión, todos nuestros

esfuerzos resultarán vanos”.

Cuando Amma concluyó, el salón del Museo de Arte Rubin se llenó de aplausos y enseguida se

acercaron los organizadores a recibir individualmente el amoroso abrazo de Amma, incluyendo a

algunos que también eran honrados junto con Amma.

Swami Amritaswarupananda Puri

Vice Presiente del

Mata Amritanandamayi Math

____________________________________________

Otras cinco persona lidades fueron honradas junto a Amma: El laureado Premio Nobel de la Paz de

2005, Dr. Mohammed Elbaradei, Director General de la Agencia Internacional de la Energía

Atómica; Stephen G. Breyer del Tribunal Supremo de Estados Unidos, el renombrado actor

norteamericano Richard Gere por su trabajo como Director de la película “Healing the Divide” y

como presidente del Comité Internacional a favor del Tibet; el Imán Feisal Abdul Rauf, Imán de

Masjid Al-Farah, y Daisy Khan, Director Ejecutivo de la Sociedad Americana para el Progreso de

la cultura Musulmana.

Entre los que han obtenido el Premio Inter-credos del ICNY en el pasado, destacan tres Premios

Nobel de la Paz: su Santidad el Dalai Lama, el Arzobispo Desmond Tutu y Shirin Ebadi, así mismo

el anterior Presidente de Estados Unidos Bill Clinton.

(De izquireda a derecha) Richard Gere, Amma, Stephen G. Breyer, Daisy Khan, Imam Feisal Abdul

Rauf y el Reverendo James Parks Morton.

“Comprensión y colaboración entre religiones”

Discurso de agradecimiento de

Sri Mata Amritanandamayi Devi

En el Centro Inter-credos de Nueva York

Museo de Arte Rubin

2 de mayo de 2006, Nueva York

Comprensión y colaboración entre religiones

Me inclino ante todos vosotros, que sois la encarnación del Puro Amor y la Conciencia Suprema.

Ante todo, me gustaría transmitir mis mejores deseos al Centro de Inter-credos de Nueva York.

Que esta organización sea capaz de encender la llama del amor y la paz en miles y miles de

corazones que han sido guiados por el Reverendo James Parks Morton. El Centro Inter-credos

merece una especial mención por sus actividades humanitarias tras la tragedia del 11 de septiembre,

que sesgó la vida de miles de personas, incluso de inocentes niños. Permitidme también que exprese

mi profunda gratitud por la celebración de este encuentro, así como por la fe que habéis depositado

en mí.

De hecho, si Amma ha sido capaz de ofrecer algún servicio a la sociedad ha sido por el altruismo

y el auto-sacrificio de miles de devotos de todo el mundo. Ciertamente, este premio y

reconocimiento va dirigido a ellos, pues yo sólo soy un instrumento.

El tema de esta charla “Comprensión y colaboración entre religiones” ha sido tratado en miles de

encuentros alrededor del mundo. Y mientras se celebran estos debates y se reúnen distintas

tradiciones religiosas —gracias al trabajo de organizaciones como esta—, el temor y la ansiedad

respecto al mundo y su futuro siguen ocupando nuestra mente.

Para que cambie esta situación, necesitamos una mejor comprensión y mayor colaboración entre

religiones. Tanto los líderes religiosos como los jefes de estado señalan con firmeza esta cuestión en

encuentros como el presente. Pero, a menudo, no somos capaces de demostrar la misma firmeza en

la acción que en las palabras. Compartimos muchas ideas en estos encuentros, pero cuando tratamos

de implementarlas somos incapaces de hacerlo debido a la influencia de determinadas presiones. Un

encuentro carente de sinceridad, de corazones abiertos, es como un paracaídas que falla al abrirse.

Cada religión tiene dos aspectos: uno es su enseñanza filosófica, tal como se expone en sus

Escrituras; y el otro es la espiritualidad. El primero es la concha exterior de la religión, y la

espiritualidad es su esencia interna. La espiritualidad es despertar a la auténtica naturaleza. Aquellos

que se esfuerzan por conocer su Auténtico Ser son los verdaderos creyentes. Cualquiera que sea la

religión de cada uno, si se comprenden los principios espirituales, se puede alcanzar la meta

suprema, la realización de la auténtica naturaleza del ser humano. Si una botella contiene miel, el

color de la botella es irrelevante. Por el contrario, si dejamos de absorber los principios espirituales,

la religión no será más que fe ciega, nos encadenará.

La finalidad de la religión es transformar nuestra mente. Para que eso suceda, uno debería

impregnarse de espiritualidad, de la esencia interna de la religión. La unidad de los corazones es lo

que brinda unidad religiosa. Si nuestros corazones no consiguen la unidad, ni actuamos

conjuntamente como un equipo, nuestros esfuerzos se fragmentarán y acabaremos navegando a la

deriva.

La religión señala la dirección igual que un indicador de carretera. La meta es la experiencia

espiritual.

Por ejemplo, una persona señala un árbol y dice: “Mira ese árbol. ¿Ves la fruta que cuelga de esa

rama? Si la comes, ¡alcanzarás la inmortalidad!” En ese caso, lo que haremos será trepar por el

árbol, coger la fruta y comerla. Si, en lugar de eso, sujetamos el dedo de la persona que señala al

árbol, nunca podremos disfrutar de la fruta. Sería parecido a ceñirse a las palabras de las Escrituras,

en lugar de saborear los principios espirituales que ellas indican.

Igual que se extrae el jugo de la caña de azúcar y se desecha la fibra, los guías religiosos

deberían animar a sus seguidores a absorber la esencia de la religión —que es la espiritualidad— y

no dar excesiva importanc ia a los aspectos externos. Por desgracia, hoy en día, hay muchas

personas que están comiéndose la fibra de la caña de azúcar y escupiendo la esencia.

La fuerza de la religión reside en la espiritualidad. La espiritualidad es el cemento que fortalece

el edificio de la sociedad. Practicar la religión y vivir sin asimilar la espiritualidad es como construir

una torre apilando ladrillos sin utilizar ningún tipo de cemento. Fácilmente se desmoronará. La fe

religiosa sin espiritualidad se vuelve inanimada, igua l que una parte del cuerpo a la que no le llega

el fluido sanguíneo.

La energía atómica puede ser utilizada para crear o para destruir. Podemos emplearla para

generar electricidad y beneficiar al mundo, pero ambién podemos producir una bomba atómica que

lo destruya todo. La elección es nuestra. Absorber los aspectos espirituales de la religión equivale a

generar electricidad del átomo, mientras que la religión carente de una perspectiva espiritual nos

conducirá a un grave peligro.

En la antigüedad, el sistema de castas y otras divisiones socio-religiosas se daban en diversas

culturas. En aquella época, esas divisiones eran externas, y todos podían observarlas. Sin embargo,

hoy en día, hablamos como si fuéramos plenamente conscientes de la importancia de la unidad

religiosa y de la igualdad, pero por dentro nos sigue royendo el odio y el deseo de venganza. En la

antigüedad, los problemas se daban predominantemente a nivel burdo, pero ahora se producen a

nivel sutil, y por ese mismo motivo son más poderosos y penetrantes.

Amma recuerda una historia. Había un destacado criminal en una ciudad. Cada día a las siete de

la tarde se situaba en una determinada esquina, en la que podía acosar e insultar a las mujeres y a las

chicas que pasaban por allí. Por temor, ninguna mujer pasaba por ese lugar al ponerse el sol y se

encerraban en sus casas. Así pasaron muchos años hasta que, un día, el criminal murió de repente.

Pero, aunque el criminal había muerto, las mujeres de la zona continuaron encerrándose tras la

puesta de sol. Asombradas, algunas personas se preguntaban cómo no se atrevían a salir fuera. Las

mujeres respondieron: “Cuando vivía el criminal, podíamos verlo con nuestros propios ojos.

Sabíamos dónde estaba y cuándo aparecía. Pero ahora es su espíritu el que nos asalta. Por tanto, ¡él

puede atacarnos en cualquier momento y lugar! Al ser más sutil, es mucho más poderoso y

perverso”. Parecido es el caso de la división socio-religiosa actual.

De hecho, la religión es una limitación creada por los seres humanos. En el momento de nacer,

no estamos condicionados ni limitados por la religión o el lenguaje. Es algo que se nos ha enseñado,

condicionándonos a lo largo del tiempo. Igual que una pequeña planta necesita una protección, este

condicionamiento es necesario hasta un cierto punto. Una vez que la semilla se ha convertido en

árbol, éste supera y trasciende toda protección. De forma similar, debemos ser capaces de ir más

allá del condicionamiento religioso y hacer que se vuelva “incondicional”.

Hay tres cosas que hacen que un ser sea humano: 1) el intenso deseo de conocer el significado y

el sentido profundo de la vida a través del discernimiento, 2) la milagrosa capacidad para expresar

amor y 3) la fuerza para ser feliz y alegrar a los demás. La religión debería ayudar para que las

personas realicen esas tres cosas. Sólo entonces, la religión y los seres humanos llegarán a

completarse.

Si bien las grandes almas dan más importancia a los valores espirituales, sus seguidores suelen

dar más importancia a las instituc iones y organizaciones. Como resultado, las propias religiones que

debían expandir paz y calma, enlazando a las personas en la guirnalda del amor, se han convertido

en motivo de guerras y conflictos.

A causa de nuestra ignorancia y limitada perspectiva, estamos confinando a las grandes almas en

los pequeños compartimentos de la religión. En su nombre, nos hemos encerrado nosotros mismos

en la prisión del ego, y hemos procedido a inflamar nuestros egos y a luchar entre nosotros. Si

continúa esta situación, la comprensión y colaboración será un puro milagro.

Había una vez dos hombres que iban en una bicicleta dos plazas y trataban de ascender una

colina. Aunque se esforzaban con todo su empeño, sólo consiguieron recorrer una pequeña

distancia. Agotados y aburridos, se bajaron de la bicicleta y se pusieron a descansar. El hombre que

iba delante, sudoroso y sin apenas respiración, dijo: “¡Menuda cuesta! Por mucho que pedaleaba no

conseguía avanzar nada. ¡Estoy destrozado, no puedo con mi espalda!”

Al oír aquello, el hombre que iba detrás dijo: “Pero, hombre, ¡cómo puedes sentirte cansado! Si

yo no hubiera mantenido el freno todo el tiempo, ¡hubiéramos ido hacia atrás!”

Consciente o inconscientemente, eso es lo que estamos haciendo ahora en nombre de la mutua

comprensión y colaboración. No abrimos nuestros corazones debido a la arraigada desconfianza que

se da entre nosotros.

En realidad, los principios de amor, compasión y unidad se encuentran en el centro de todas las

enseñanzas religiosas.

El cristianismo dice: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. El hinduismo: “Deberíamos orar para

que los demás puedan tener lo que deseamos para nosotros”. El islam: “Si enferma el asno de tu

enemigo, debes cuidarlo”. El judaísmo: “Odiar a tu vecino es igual a odiarse uno mismo”. Aunque

expresado de distinta forma, el principio que se transmite es el mismo. Lo importante de todas estas

sentencias es lo siguiente: “Dado que la misma Alma o Atman, reside en todo, debemos ver y servir

a toda la creación como Unidad. El intelecto distorsionado de la gente hace que se interprete este

principio de un modo limitado.

Amma recuerda una historia. Había una vez un renombrado pintor que hizo el retrato de una

encantadora joven. Todos los que veían aquel cuadro se sentían enamorados de la joven. Algunos

llegaron a preguntarle al pintor si se trataba de su amada. Cuando les dijo que no, todos quisieron

casarse con ella y no permitir que ningún otro lo consiguiera.

Le preguntaron al pintor: “Queremos saber dónde podemos encontrar a esta maravillosa joven”.

El pintor les dijo: “Lo siento, pero en realidad, nunca la he visto. Ella no tiene una nacionalidad,

religión o lenguaje. Lo que veis en ella no es la belleza de un persona concreta. Yo me he limitado a

pintarle unos ojos, una nariz y dar forma a la belleza que se encuentra dentro de mí”.

Pero ninguno creyó las palabras del pintor. Todos lo acusaban furiosos diciendo: “¡Nos estás

mintiendo¡ ¡Lo único que quieres es quedártela tú!”

El pintor les dijo tranquilamente: “Por favor, no observéis esta pintura a nivel superficial.

Aunque buscarais por todo el mundo, nunca encontraréis a esta joven, pues la pintura representa la

quintaesencia de toda belleza”.

No obstante, ignorando las palabras del pintor, todos siguieron enamorados de la pintura y de la

imagen representada. En su intenso deseo por conquistar a la joven mujer, empezaron a discutir y a

pelearse y, finalmente, se mataron entre sí.

Nosotros también somos así. Actualmente estamos buscando a un Dios que mora únicamente en

los cuadros y en las Escrituras. En esa búsqueda hemos perdido nuestro camino.

Las Escrituras dicen que cada uno de nosotros ve el mundo a través de unas gafas tintadas.

Vemos el mundo que nosotros proyectamos. Si miramos con los ojos del odio y la venganza, el

mundo nos parecerá exactamente de esa forma. Pero si lo miramos con los ojos del amor y la

compasión, no veremos más que la belleza de Dios en todas partes.

Amma ha oído hablar de un experimento que se llevó a cabo para averiguar si este mundo es tal

como lo percibimos. Los investigadores dieron a un joven un par de gafas que distorsionaban su

visión. Le pidieron que las llevara puestas durante siete días. Durante los tres primeros días se sintió

muy incómodo, pues su percepción resultaba muy distorsionada. Pero después, sus ojos se

acomodaron totalmente a las gafas, y dejó de sentirse molesto. Si al principio el mundo le parecía

extraño y distorsionado, más tarde le resultó normal.

De igual manera, cada uno de nosotros está llevando un tipo de gafas diferente. A través de esas

gafas vemos el mundo y la religión. Reaccionamos de acuerdo con esa visión. Por este motivo,

somos incapaces de ver a las personas como seres humanos.

Amma recuerda una experiencia que le transmitió un líder religioso hace muchos años. Se

disponía a asistir a una celebración en un hospital de Hyderabad, India. Cuando bajó del coche y se

dirigió hacia el hospital, vio a muchas mujeres que habían formado un pasillo para recibirlo en la

forma tradicional, sosteniendo lámparas de aceite encendidas y granos de arroz. A medida que

avanzaba, la s mujeres fueron untando el arroz en el aceite y se lo lanzaban a la cara. Le dijo a

Amma: “Más que una acogida calurosa, parecía todo lo contrario, era un recibimiento lleno de ira.

Les hice gestos para que pararan, me cubrí la cara con las manos, pero ellas continuaron a su

manera”.

Más tarde, pregunté si la gente que se había alineado para recibirme creía en Dios. El director del

hospital me dijo que eran creyentes y empleados del hospital. Yo le respondí: “No creo que sea así,

pues he podido sentir la ira y la venganza en su comportamiento”.

Sospechando algo, el director le pidió a alguien que investigara el incidente. Esto fue lo que

observó : Las personas que habían dado la bienvenida al líder religioso se encontraban en una sala

riendo. Con desprecio, uno de ellos presumía en voz alta: “¡Yo le di a ese diablo!”

Ciertamente, el personal del hospital profesaba una religión diferente. Su director les había dicho

que recibieran al invitado, y no tuvieron más remedio que hacerlo. Pero ellos carecían de una

comprensión de lo que es la religión y la espiritualidad. Pensaban que las personas de otras

creencias eran realmente diablos, y no seres humanos.

Hay dos tipos de ego. Uno tiene que ver con la ambición de poder y dinero. El otro es mucho

más destructivo. Es el ego que siente: “Sólo mi religión y mi punto de vista son correctos. Todos los

demás son incorrectos e innecesarios. No toleraré nada más”. Eso equivale a decir: “¡Mi madre es

buena y la tuya es una prostituta!” Esta clase de pensamiento y conducta es la causa de todos los

enfrentamientos religiosos. Hasta que no erradiquemos estos dos tipos de ego, será difícil conseguir

la paz en el mundo.

La voluntad de escuchar a los demás, la capacidad para comprenderlos y la apertura mental para

aceptar también a los que nos desagradan, son los rasgos de la verdadera espiritualidad. Por

desgracia, son exactamente estas cualidades las que se están perdiendo en el mundo actual.

No obstante, cuando se producen los desastres naturales, se abren los corazones y se trascienden

los conceptos de casta, religión y partidismo político. Cuando el tsunami azotó el sur asiático,

desapareció toda barrera religiosa y de nacionalidad. Todos sintieron compasión por las víctimas.

Todos derramaron lágrimas por ellas. Y todas las manos se unieron para enjugar las lágrimas y

ayudar a los damnificados.

En innumerables ocasiones se ha conmovido mi corazón y mi alma al ver cómo ateos y personas

de diferentes partidos políticos y religione s trabajaban incansables, día y noche, junto con los

residentes de nuestro ashram (monasterio), en un espíritu de auto-sacrificio. Sin embargo, la

compasión y la actitud de no juzgar, que muestran muchas personas en esas situaciones, aparecen y

desaparecen tan rápidamente como el destello de una luz. Si, en cambio, tratamos de mantener

ardiendo esa llama de compasión en nuestro interior, ella puede disipar la oscuridad que nos rodea.

De este modo, tal vez el pequeño reguero de compasión interior crezca hasta convertirse en un

caudal torrencial. Permitamos que la chispa del amor se vuelva tan luminosa como el sol. Así

crearemos un cielo en la tierra. La capacidad para conseguirlo se halla dentro de todos nosotros.

Constituye un derecho de nacimiento y forma parte de nuestra auténtica naturaleza.

Si llenamos de helio un globo aero-estático, independientemente de su color, éste se alzará hacia

el inmenso cielo. De forma similar, los creyentes de todas las religiones ascenderán hasta las más

altas cumbres si llenan su corazón de amor.

Amma recuerda una historia. En cierta ocasión se reunieron todos los colores del mundo. Cada

uno reivindicaba: “Yo soy el color más importante y más amado”. La reunión acabó en una pelea.

El color verde dijo orgulloso: “Ciertamente, soy el más importante, pues soy el signo de la vida.

Los árboles, las viñas, toda la naturaleza tiene mi color. No creo que necesite decir nada más”.

El color azul lo interrumpió: “¡Basta ya de tonterías! Tú solo te refieres a la Tierra. ¿Acaso no

ves el cielo y el mar? Son azules. Además, el agua es el sustrato de la vida. Tenéis que alabarme,

pues soy el color del infinito y del amor”.

Al oír estas palabras, el color rojo gritó: “¡Esto es demasiado! ¡A callar todo el mundo! Yo soy el

que os da vida, soy la sangre. Soy el color del valor y del coraje. Sin mí, no hay vida”.

En medio de esta discusió n, el color blanco dijo suavemente: “Todos habéis presentado vuestros

casos. Dejadme, ahora, que os diga algo: No os olvidéis de la verdad, del sustrato de todos los

colores, aquello que yo soy”.

No obstante, muchos más colores reivindicaron su valor. Todos alardeaban de su grandeza y

supremacía sobre los demás. Poco a poco, lo que empezó como un mero intercambio de palabras se

convirtió en una batalla verbal. Los colores estaban dispuestos a destruirse mutuamente.

De pronto, el cielo se oscureció. Hubo rayos y truenos, seguidos de un gran aguacero. El nivel de

agua subió rápidamente. Los árboles fueron arrancados de raíz y toda la naturaleza se vio alterada.

Temblando de miedo, los colores gritaron desconsolados: “¡Sálvanos!” En ese preciso momento

se oyó una voz desde el cielo: “Eh, vosotros, los colores, ¿dónde está vuestro ego y falso orgullo?

Hace un momento discutíais tontamente por vuestra supremacía y, ahora, tembláis de miedo

incapaces de proteger siquiera vuestra propia vida. Todo lo que reivindicáis como propio puede

desaparecer en un instante. Es necesario que entendáis una cosa: aunque diferentes, cada uno de

vosotros está más allá de toda comparación. Dios ha creado a cada uno de vosotros con un propósito

diferente. Para salvaros, debéis manteneros unidos. Si formáis una unidad, podréis ascender y

expandiros por el vasto cielo. Os convertiréis en el arco iris con sus siete colores, unidos

armoniosamente, conformando el símbolo de la paz y la belleza, el signo de la esperanza en el

mañana. Desde esa altura, todas las diferencias desaparecen y lo veis todo como una misma unidad.

Que vuestra unidad y armonía se conviertan en motivo de inspiración para todos los demás”.

Cuando observemos un maravilloso arco iris, ojalá nos sintamos animados a trabajar juntos

como un equipo, manteniendo una mutua comprensión y apreciación.

Las religiones son las flores dispuestas para el culto de Dios. ¡Qué bello sería si permanecieran

juntas! Podrían expandir su fragancia de paz por todo el mundo.

Los líderes religiosos deberían dar un paso adelante y entonar la canción de la paz, de la unidad

universal y del amor. Ellos se volverían como espejos para el mundo. El espejo está limpio no por

su propio bien, sino por el de aquellos que se miran en él y pueden verse mejor. Los emisarios

religiosos deben ser modelos para los demás. El ejemplo que den los líderes religiosos determinará

la pureza de las acciones y pensamientos de sus seguidores. Sólo cuando las personas de

pensamiento noble pongan en práctica los ideales religiosos, harán posible que sus seguidores

absorban el mismo espíritu y se sientan estimulados a actuar de forma noble.

De algún modo, todos deberían convertirse en modelos, pues otras personas siempre nos verán o

hablarán de nosotros como ejemplo. Es nuestro deber considerar a aquellos que nos admiran. En un

mundo de personas ejemplares, no habría guerra ni armamento. Las guerras no serían más que una

pesadilla que tuvo lugar hace mucho, mucho tiempo. Las armas y las municiones se convertirían en

artefactos propios de algún museo, símbolos de nuestro pasado, de cuando los seres humanos

íbamos por un sendero equivocado.

Nuestro error es que nos hemos dejado seducir por los aspectos superficiales de la religión.

Rectifiquemos ese error. Juntos, realicemos aquellos aspectos que constituyen la esencia de la

religión: el amor universal, la pureza de corazón, la unidad que podemos observar en todas partes.

Vivimos una época en la que el mundo entero se está reduciendo a una aldea global. Lo que

necesitamos no es una mera tolerancia religiosa, sino una profunda comprensión mutua.

Abandonemos la incomprensión y la desconfianza. Digamos adiós a la oscura era de la rivalidad y

demos la bienvenida a una nueva era de creatividad, de cooperación inter-religiosa. Acabamos de

iniciar el tercer milenio. Que las generaciones futuras denominen este milenio el de la fraternidad

religiosa y la cooperación.

A Amma le gustaría presentar algunas sugerencias para su consideración:

1) La solución, en una sola palabra, para casi todos los problemas que el mundo afronta

actualmente es “la compasión”. La esencia de todas las religiones es ser compasivo con los demás.

Los líderes religiosos deberían recalcar la importancia de la compasión a través del ejemplo de sus

propias vidas. Nada hay más escaso en el mundo actual que los ejemplos personales. Los líderes

religiosos deberían avanzar para llenar este vacío.

2) Por nuestra explotación de la Naturaleza y por la falta general de conciencia, la contaminación

está destruyendo la Tierra. Los líderes religiosos deberían establecer campañas de concienciación

respecto a la importancia de la protección medioambiental.

3) No nos es posible evitar las catástrofes naturales. Y como seres humanos no tenemos el

control de la mente humana, por lo que no es posible prevenir totalmente la guerra y otros

conflictos. Pero si mantenemos un firme propósito, tal vez podamos erradicar el hambre y la

pobreza. Todos los líderes religiosos deberían hacer cuanto estuviera en sus manos para lograr este

objetivo.

4) Para fomentar la comprensión inter-religiosa, todas las religiones deberían establecer centros

en los que las enseñanzas de otros credos sean estudiados en profundidad. Se debería hacer con una

visión expansiva, sin que haya una motivación ulterior.

5) Igual que el sol no necesita la luz de una vela, Dios no necesita nada de nosotros. Ayudar a los

pobres y necesitados es la verdadera oración. Sin compasión, todos nuestros esfuerzos resultarán

vanos. Sería como verter leche en una vasija sucia. Todas las religiones deberían enfatizar la

importancia de servir compasivamente a los pobres y a los que sufren.

Recemos y trabajemos juntos para crear un mañana gozoso y libre de conflictos, en el que las

religiones trabajen juntas en un ambiente de paz, felicidad y amor.

Que el árbol de nuestra vida quede firmemente

enraizado en la tierra del amor.

Que las buenas acciones sean las hojas de este árbol;

Que las palabras amables sean sus flores;

Y que la paz sea sus frutos.

Que crezcamos y nos desarrollemos como una familia,

unida en el amor.

Que podamos disfrutar y celebrar nuestra unidad,

en un mundo en el que prevalezca la paz y la felicidad.

Enseñanzas


  1. -Comprensión y colaboración entre religiones

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